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LEOPOLDO LUGONES: SECRETO Y DESCONOCIDO
Por Antonio Las Heras

Admitido como uno de los grandes poetas del mundo hispano parlante, elogiado por Jorge Luís Borges y llamado
por Rubén Darío “la nota más vibrante de la poesía argentina”, Leopoldo Lugones es una figura de la literatura argentina
sobre quien mucho se ha dicho y polemizado. Empero, hay un Lugones secreto y desconocido que es al que aquí
queremos referirnos.

Pocos conocen que el autor de La Guerra Gaucha mostró gran interés por el espiritismo, el esoterismo, la radiestesia, la quirología, la homeopatía, y la incipiente Parapsicología también conocida entonces como Metapsíquica.
Fruto de ello fue su libro Las Fuerzas Extrañas (1906) conjunto de escritos entre el cuento y el ensayo donde se centra
en lo fantástico, lo oculto, lo misterioso.

Fue seguidor de la Teosofía creada por Elena Petrovna Blavatsky, la mujer que llevó de la India a Londres a
Jiddú Krishnamurti atribuyéndole dotes de mesias. Al respecto, Ricardo Piglia afirma que el espiritismo fue la única
visión del mundo a la que Lugones
fue fiel toda la vida.

El mundo de lo iniciático; esto es de la Tradición Hermética que aspira a que el hombre obtenga los beneficios perdidos
tras la Caída pero que le fueron comunes en los Tiempos Primordiales, fue otro de sus temas de interés.

“Entre los modernistas hispánicos, Rubén Darío aparte, es Leopoldo Lugones – explica Ricardo Guillén – quien más
notable
inspiración órfica acusa en su obra, especialmente en sus cuentos, donde la idea de que en todo lo existente -
mineral, árbol, bestia...- late una fuerza que puede llamarse espiritual, da lugar a páginas notables. La convicción de que
las cosas tienen alma, pues, y viven, y hasta matan (como mostró Darío alguna vez) es lo que permitió históricamente
hechizos y conjuros, fetiches y amuletos. Idea órfica que empalma con la magia e incita a comunicar con los objetos,
es decir con el espíritu que los habita, y esto tanto más cuanto se suponga, como Nerval suponía, que en las cosas hay
una postulación hacia el reconocimiento, un deseo de ser reconocidas («Un mystère d'amour dans le métal repose»),
una palabra que espera ser oída y podrá serlo cuando hacia ella se oriente una inquietud paralela”.

En 1925 Albert Eistein visita la Argentina; uno de quienes estará todo el tiempo a su lado es, precisamente,
Leopoldo Lugones. El autor de Lunario Sentimental era el delegado argentino ante la Comisión de Cooperación
Intelectual de la Liga de las Naciones (organismo anterior a las Naciones Unidas) presidida por el notable filósofo
francés Henri Bergson. Einstein también formaba parte. Lugones, aprovechando esa personal relación con el físico,
lo invitó a la Argentina. Entusiasmado con los resultados de la visita, el autor de Romances del Río Seco, advirtiendo
los sucesos que estaban aconteciendo en Alemania, lanza un llamado para recaudar fondos y radicar al notable físico
en nuestro país.

Las complejidades de la física teórica no eran ajenas al poeta. “En 1920 el Centro de Estudiantes de Ingeniería de la
Universidad de Buenos Aires
– escriben Miguel de Asúa y Diego Hurtado de Mendoza – invitó a este famoso escritor
y personaje público a dictar una conferencia, la cual fue luego publicada como El tamaño del espacio. Ensayo de psicología matemática (Buenos Aires, El Ateneo, 1921), dedicada al Ing. Georges Duclout. Este trabajo es, en esencia, un larga
discusión sobre el origen de los conceptos matemáticos. Lugones critica allí las posturas que considerarían válidos solo
aquellos conceptos geométricos que pueden ser ‘intuidos’ – visualizados por la imaginación – y defiende una posición
según la cual, en el caso de las nociones geométricas, el único criterio de validez es el puramente racional. Para discutir
esta cuestión el autor utiliza como principal ejemplo el de la teoría de la relatividad”.

En 1935 escribe el prólogo al libro "La mentira más grande de la historia: los protocolos de los sabios de Sion",
de Benjamín W. Segel (Ediciones D.A.I.A., Buenos Aires 1936). La obra denuncia como falsificación a este escrito
antisemita conocido como Los Protocolos de los Sabios de Sion
.

El autor de Cuentos Fatales tuvo intensa actividad masónica. Fue iniciado en la Masonería Argentina el 13 de noviembre
de 1899 en la Logia Libertad Rivadavia Nº 51 Obtuvo el grado de maestro el 10 de abril de 1900. El 1 de octubre de 1902
se incorporó a la Logia Confraternidad Argentina Nº 2. De 1905 a 1906 fue Gran Primer Vigilante; esto es, vicepresidente
segundo de la Orden. De 1906 a 1907 fue Pro Gran Maestre. A partir del 8 de marzo de 1906 formó parte – en calidad de
miembro activo – del Supremo Consejo del Grado 33 para la República Argentina. Tras el derrocamiento de Hipólito
Irigoyen (lo que fue apoyado por Lugones) quien también era Hermano Masón, el escritor se alejó de la Orden.
 

El pasado 18 de febrero se cumplieron setenta años de su muerte por suicidio. Durante décadas su féretro permaneció en una tumba del cementerio de la recoleta sin placa ni identificación alguna, tal como él lo había solicitado. Recién en 1994, por iniciativa del entonces Secretario de Cultura de la Nación el poeta José María Castiñeira de Dios en conjunto con la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) el catafalco fue retirado del anónimo reposo y llevado a Villa de María
de Río Seco su ciudad natal en la provincia de Córdoba.