www.escritoresarg.com.ar
Escritores
de la Argentina
Contáctenos: info@escritoresarg.com.ar 

Fotografias
Concursos y certámenes
Congresos, Jornadas y Encuentros
Cafés Literarios
Territorio de Escritores
Artículos, Notas, Ensayos breves
Libros Recientes

Revistas Recientes
Novedades

Autores

Territorio de Escritores

PARA UN PLAN NACIONAL DE CULTURA
Un proyecto de Antonio LAS HERAS

+ Conocer lo nuestro.
+ Trabajar sobre lo nuestro.
+ Desarrollar lo nuestro.

1.- Cultura y dependencia. 

Su cultura es la cédula de identidad de un pueblo. Y el conjunto de aspectos culturales que hacen a un estado – su “cultura grande”
– es lo que caracteriza a una nación.

Toda dependencia comienza con la dependencia cultural. Cuando un pueblo impone su modo de ver (y por ende de actuar) a otro,
entonces ha logrado sujetarlo, pues disuelve lo que le es propio e inyecta algo de naturaleza ajena. Por esto, desde lo más antiguo
de la Humanidad se observó que la única conquista posible, la duradera, es la conquista conseguida a través del cambio de la
cultura autóctona por la que el conquistador exporta.

Es interesante observar que la Historia muestra, incluso, claros ejemplos de pueblos que sometieron a otros por las armas, donde los perdedores triunfaron, luego, sobre sus verdugos infiltrándoles cultura.
 

2.- ¿A qué puede llamarse cultura? 

“Cultura” es el conjunto de determinadas maneras, propias, con las cuales una comunidad se relaciona con su entorno y que
enfrenta la vida con un sistema de pensamientos construidos por esa misma sociedad a través de las generaciones.

La cultura es un producto espontáneo, pero que surge con trazos de la creatividad acumulada mediante historias de vida,
inquietudes, intereses sociales, necesidades de los tiempos, acuerdos surgidos y transformados en costumbres.

La cultura define – hacia adentro - una manera de reconocerse y hacia fuera una forma perceptible para ser identificado.

Obviamente, la cultura no “es”, sino que “va siendo”. Salvo en las civilizaciones muertas, la cultura está muy distante de ser algo
acabado, puesto que sus transformaciones son permanentes (inclusive debido al intercambio con “otras culturas”), pero en ningún
momento pierden los rasgos característicos y las raíces identificatorias.

De aquí que todo lo referente a la cultural tenga que ser una parte de los asuntos privilegiados a tener en cuenta por cualquier política
de estado.

 

3.- El trabajador de la cultura. 

Entendemos por trabajadores de la cultura a los artesanos, artistas plásticos, músicos, escritores, intelectuales, científicos, escultores,
actores, autores en todas las formas posibles de la creación; y, en general, a todos quienes tengan relación con hechos culturales
surgidas en suelo argentino.

 

4.- La política cultural. 

Toda política cultural tiene que atender, esencialmente, al conocimiento, trabajo y desarrollo de aquellas manifestaciones culturales
que tienen lugar en suelo argentino. Esto implica la consideración de muy diferentes aspectos que van desde las relaciones con
factores geológicos y climáticos hasta cuestiones genéticas.

Desde la Nación se dable trabajar por la cultura atendiendo, concretamente, a las manifestaciones de cultura regional menos
difundidas en estos tiempos por los medios masivos como la radio, la televisión y el periodismo gráfico.

 

5.- ¿Secretaría de Cultura de la Nación o Ministerio de Cultura y Educación? 

La existencia de una Secretaria de Cultura dependiente de la Presidencia de la Nación Argentina es fundamental. Pero mucho más
importante y visionario, será contar nuevamente con un Ministerio de Cultura y Educación de la Nación. Ya en el enunciado mismo
de este organismo se inserta primero el término “cultura” y luego “educación”; puesto que para que sea posible educar es necesario
hacerlo desde los intereses, propuestas y necesidades de la cultura que nos identifica. De allí que los modelos educativos no puedan exportarse de una nación a otra; salvo – claro está – en lo que hace a algunos esquemas generales.

Trabajar por la cultura no es la realización de multitudinarios espectáculos donde actúan figuras ya muy conocidas por ser
ampliamente promovidas por la industria mundial del espectáculo. Es labor del gobernante proveer de la ayuda necesari
– financiera y promocional – a los trabajadores de la cultura que no cuentan con apoyo industrial alguno.

 

6.- Industrias culturales. 

Existe la industria discográfica, la industria editorial (diarios, revistas y libros), la industria cinematográfica, la industria televisiva,
la industria de espectáculos teatrales y artísticos en general.

La labor de gobierno es atender a las necesidades de todas estas industrias, siempre y cuando las mismas den cabida a los
trabajadores de la cultura que – en la actualidad – no tienen espacio en el mercado ya impuesto.

La labor del Estado no debe ser la de convertirse en empresa misma, sino en cuidar que las existentes y aquellas por fundarse
sirvan de fuente laboral a nuestos trabajadores de la cultura de todas las regiones del país.

El Estado tiene que garantizar la profesionalización del trabajador de la cultura. Hoy en día, para la mayoría, dedicarse a lo cultural
es lo mismo que dedicar tiempo y esfuerzo a un entretenimiento, hecho por “amor al arte”, carente de todo pago y, además, por lo
habitual sin reconocimiento alguno.

Una profesión implica la existencia de alguien que por contar con un conocimiento determinado obtiene el derecho a percibir una
remuneración cuando ejerce su actividad.

Sin embargo, desde hace décadas, el trabajador de la cultura – salvo algunos casos muy especiales como sucede a través de
Argentores y Sadaic – carece de toda protección, nunca ha visto sus derechos sociales, no tiene cobertura médica, ni aportes
jubilatorios. Por ejemplo, miles de escritores en todo el país peregrinan de manera humillante para publicar un par de carillas o un
poema en algún medio o encuentran que cuando se les pide un artículo o una conferencia, ni siquiera el solicitante aporta unas
monedas. Con músicos y actores ocurre otro tanto. Y los artistas plásticos. Y así podríamos continuar con una larga lista.

Los derechos de autor son el salario del trabajador de la cultura. Empero esto no es reconocido. No sólo en el campo privado,
muchas veces ni siquiera en el gubernamental, donde – en todo el país – suelen planificarse actividades en las que nunca hay
presupuesto para el autor, aun que sí para los demás participantes. Parece estar claro que un sonidista cobra por su trabajo, que un transportista cobra por llevar a los actores, que un electricista pasa una factura por ocuparse que no haya cortocircuitos durante la
conferencia; pero al autor debe hacer gratuitamente su trabajo y, en caso de tener la osadía de querer hacer valer sus derechos
puede recibir como respuesta (que varias veces nos tocó escuchar) un denigrante: “Ah, pero lo suyo es comercial...”

De allí que prácticamente la totalidad de los trabajadores de la cultura en la Argentina tengan que dedicar su tiempo de creación
en tareas ajenas a sus intereses, pero que les permiten ganar algún dinero para sustento propio y de sus familias.

Por lo tanto, toda obra gubernamental en lo cultural tiene que llevar a una transformación de esta equivocada y peligrosa manera
de pensar, que determinados intereses han conseguido  establecer en la mente de los ciudadanos.

“La cultura debe ser gratuita.” Esto, según sea el enfoque puede ser correcto. Pero no significa en modo alguno que el autor
o trabajador de la cultura no tenga derecho a cobrar y que quien solicitó de su tarea no tenga la obligación de pagar. Quien
organiza un espectáculo puede tener razones para dar entrada libre; pero no existen éstas para no abonar los honorarios
correspondientes a los autores.

 

7.- Un caso emblemático: El desamparo de los escritores argentinos. 

Los escritores en la Argentina están totalmente desamparados. Salvo en alguna que otra provincia donde se han sancionado
leyes de pensión para escritores que cumplan ciertos requisitos razonables. Pero, fuera de eso, carecen de todo tipo de protección
y defensa de sus derechos. Algunos escritores, de los llamados “consagrados” publican con relativa facilidad, pero rara vez están
de acuerdo el pago que reciben. Sus derechos de autor los reciben muy de vez en vez y mediante liquidaciones a las que el autor
difícilmente puede auditar. Tenemos el caso de importantes escritores cuyos libros se venden siempre y que, sin embargo, nunca
(no es error, “nunca”) recibieron un peso por ello. Otros, prefieren asegurarse un cobro por anticipado (al firmar el contrato) por que
es lo único seguro con que pueden contar.

Concretamente, en la Argentina, no hay un escritor que pueda vivir sólo con sus derechos por venta de libros. Algo que, en cambio,
es muy usual en Estados Unidos y Europa.

La Sociedad Argentina de Escritores (SADE) desde hace décadas viene bregando por una ley que la convierta en organismo de
gestión capaz de cobrar los derechos autorales de los escritores tal como lo hacen Argentores y Sadaic con otros creadores.
Pero hasta el momento, y por muchos apoyos que se hayan recibido en cada época, no ha habido en el Congreso de la Nación
interés por la aprobación de un proyecto cuya trascendencia es innecesario señalar. Sobre este tema en particular hay legislación
en todos los países del

llamado “Primer Mundo”, en algunos de los cuales los escritores perciben inclusive remuneración por hojas fotocopiadas de sus
textos.

Podemos perfectamente inspirarnos en las legislaciones vigentes en otros países para conocer cabalmente cómo se puede hacer –
de manera concreta y efectiva – para otorgar a los trabajadores de la cultura argentinos un campo fértil de labores que les permita
encontrar la tranquilidad necesaria para una productiva realización de sus obras. Por que es en esas manifestaciones donde está
la luz requerida para “educar al soberano”.
  

                                                                                  Buenos Aires, febrero de 2007

Antonio LAS HERAS

Licenciado en Periodismo y Comunicaciones (U.A.J.F.K.)
Doctor en Psicología Social. (U.A.J.F.K.)
Profesor asociado del Departamento de Comunicaciones de la Universidad Argentina John F. Kennedy
Presidente del Instituto Humanístico de Buenos Aires
Secretario General de la SADE, Sociedad Argentina de Escritores (1998/2002)
Consejero titular de la Fundación El Libro, organizadora de la Feria Exposición Internacional de Buenos Aires,
“El Libro, del Autor al Lector”
Correo electrónico: prensa_alasheras@yahoo.com.ar
Telefax: (011) 4371 4788